Fitzgerald, cronista de los primeros años del siglo xx norteamericano, vuelve su mirada en su obra El amor del último magnate hacia la más espléndida factoría de sueños, Hollywood, que conoció en vida del autor el paso al sonoro y la época de esplendor de los grandes estudios. Refleja en su novela la conciencia de que el cine ha sustituido a la novela como forma de crónica social, centrando en su protagonista la metáfora del héroe americano.