Lázaro de Tormes, con una ironía no exenta de amargura, justifica la narración de sus "fortunas y adversidades", "porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto". Andersen, hijo de un zapatero remendón y de una lavandera, escribe también su Autobiografía (que titula El cuento de mi vida sin literatura) para mostrar a los advenedizos, aduladores y nacidos en noble cuna cuán poco se les debe. Y él, que en su Viaje por España recuerda una vez más que prefería llamar cisnes a los gansos, dibuja en el "cuento de su vida" el mismo caso del patito feo.