La Fontaine se burla del Papa, de la Iglesia y de los sacerdotes. Adula al Rey por sus conquistas, a la vez que arremete contra los conquistadores. Canta la soledad y la simplicidad rústica y frecuenta, con complacencia, los valores de la nobleza. En sus poemas más delicados hace la corte a las mujeres más elegantes a la vez que goza de las desvergüenzas de los burdeles. Estas contradicciones y sentimientos encontrados encierran el carácter de este autor que supo, con gran lucidez, sacarles partido en su obra.