La publicación de Memorias de un cazador causó una profundísima impresión en los lectores rusos. Los reaccionarios la consideraron una "obra incendiaria" y el autor fue sometido por parte de las autoridades a una estrecha vigilancia. La aldea rusa, sus campesinos, nunca habían sido descritos con tal profundidad psicológica y tanta simpatía. Su sagacidad práctica, su clara inteligencia, su sensatez, su honradez y magnanimidad se contraponen a menudo con la figura del terrateniente cruel, carente de moral e intelectualmente limitado.