Parte de la fascinación de El cortesano proviene del modo en que pasado y presente, realidad y deseo se superponen hasta confundirse. Castiglione vuelve los ojos a aquella época feliz con la nostalgia y la confianza de poderla proponer como modelo aún válido para delinear los rasgos de una figura humana proyectada en los escenarios políticos europeos. La traducción de Boscán ofreció una importante contribución a una búsqueda lingüistica y estilística todavía entonces en curso: una "pequeña obra maestra" del arte de traducir.